miércoles, 26 de enero de 2005

¿ESPAÑA, AL BORDE DEL PRECIPICIO ?

El articulista Gabriel Albiac, acaba de publicar un artículo que a mi manera de ver requiere de toda la atención que le podamos prestar, porque pone el dedo en la llaga en lo que se refiere a la peligrosísima situación a que los políticos están llevando esta vez a España, cuando se vuelve a manejar la ideología utilizada en 1936 cuando estallaba la Guerra Civil.

Me permito transcribir el artículo de La Razón(diario madrileño)
de hoy miércoles 26 de enero del 2005.

ALBIAC



Delirio, sabio en muerte


Gabriel ALBIAC
Habrá quienes lo vean con la plácida serenidad de quien aguarda de ello un beneficio. Yo pienso que están locos. Pero es verdad que a mí nada me repugna tanto como la política; y de nada sé mayor perversidad ni aguardo más alto daño que de ella. Puede, pues, que mi análisis lo turbe este prejuicio, contra cuyo muro firme apoyo la espalda frente a la turba de profesionales navajeros. Puede que el loco sea yo: ya a estas alturas del cansancio, de nada osaría estar seguro. Digo, pues, que pienso que se han vuelto locos. Los políticos. Aunque a la mejor, vaya usted a saber, soy yo quien merece suite en confortable frenopático. Tanto me da.
Pero el desgarro homicida de este país, desde hace como un año, no hay manera de analizarlo en rigurosa lógica de lo real. Y no digo que carezca de lógica, no. La tiene. Y es la más dura, la más rígida de cuantas pueden imponerse a las mentes humanas: la lógica blindada del delirio. Los loqueros llaman a ese blindarse el sujeto en certidumbres que ciegan cualquier resquicio a la realidad, psicosis. Alguien dio de ella la definición más brillante: «El psicótico no es un tipo que se cree Napoleón; el psicótico es un tipo que se cree él mismo».
Y el yo-mismo se inventa. A la medida cruel de su deseo enfermo. Y es verdad que hace falta estar enfermo, y mucho, para andar construyéndonos identidad, calcando los fantasmas de los años treinta. Yo he vivido el epílogo de esos fantasmas, claro. ¿Y quién de mi edad, no? Los sé mugrientos e inhabitables, claro. ¿Quién de mi edad, y quién, hijo de los perdedores, no sabe eso? Los sé, sobre todo, y es eso lo importante, perdidos en un tiempo al cual la España de hoy es más lejana que al último rincón del ominoso Yemen. ¿Alguien sabe, de verdad, de qué está hablando, cuando juega a repetir dispositivos, metáforas, topografías electorales de 1936?
Este país era entonces tercer mundo profundo. Subsuelo famélico de Europa, en el que, como tal, jugaron Hitler y Stalin su ensayo general, previo a la guerra de verdad, la gran matanza. Era barato que una tribu de bárbaros sin instituciones –nunca existió aquí nada a lo que pueda llamarse siglo XIX, tiempo en el cual Europa fue inventando economía de mercado y democracia– se exterminase a golpe de azadón o cartuchazo. Porque fue eso la «romántica» guerra civil, inventada por hispanistas turísticos: carnicería rural de todos contra todos; sacar las tripas a aquel de cuyo borrado derivase un beneficio. Lo de las ideologías se superponía a eso con tosquedad que sería risible de no ser por tanta sangre.
Poco más de un año hace que algún desalmado vio rentabilidad electoral en identificar a las urbanas gentes de un convencional país moderno con aquellas bandas de matarifes. Fue rentable. Hoy es anuncio de abismo. Porque también el delirio es sabio en muerte.
Un saludo
Publicado por arsfilosofo @ 18:38 | 0 Comentarios | Enviar

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